Burbujas de felicidad

Último jueves de la década y del año, se acerca el final de un año vivido con intensidad, saboreado sorbo a sorbo y con un buen sabor de boca de vinos leídos y libros catados, para brindar con burbujas de felicidad.

Momento para alzar la copa y brindar por lo vivido y por lo que está por llegar. Si hay un momento ideal para para proyectarte, es este. Llenamos la mente de ilusiones renovadas, de alegrías, de proyectos y cargamos las pilas con determinación. 

Fechas para compartir en torno a la mesa, a la comida, a la bebida, a los amigos, la familia y los anhelos de un nuevo año. 

Nos vestimos de gala, celebramos con nuestro seres amados, compartimos con bondad y generosidad y brindamos, casi por tradición, con luminosas copas que destellan y fusionan burbujas de felicidad.

Espumosos del mundo

Vamos a disfrutar de un universo de espumosos del mundo, en el que cualquier atisbo de efervescencia nos envuelve y nos invita a alzar nuestras copas una y otra vez. 

Cuando hacemos referencia a un espumoso, solemos traer a la mente el Champagne casi por antonomasia, no obstante, a lo largo y ancho del panorama vinícola podemos disfrutar de un amplio abanico de espumosos.

Dime espumosos y te diré burbujas de felicidad. El cava sigue siendo la alternativa española al Champagne, y el espumoso más bebido en España durante estas fiestas. Sin embargo, hoy en día tenemos fácil acceso otras alternativas europeas y a creaciones del nuevo mundo.

Champagne o crémant francés, Prosecco italiano, Cap Clasique sudafricano, Sekt alemán, … ¡En la variedad está el placer y en los gustos la variedad!

Literatura y burbujas

No todo espumoso es un Champagne pero todo Champagne es un vino espumoso. Esta denominación de origen del norte de Francia es hasta hoy en día cumbre y bandera de un estilo de vinos briosos, alegres, festivos, elegantes, únicos.

Vinos de una Appellation d’Origine Protégée (AOP), de la región homónima, elaborados con uvas específicas y cultivadas en zonas delimitadas por la denominación, bajo normas legales establecidas y con procesos marcados y regulados.

Y pese a que es un producto 100% francés, su historia es fruto de un proceso de ensayo y error, de una evolución y adaptación, al entorno, a los procesos logísticos y a la idiosincracia de sus mayores consumidores fuera del territorio galo.

El peso y la influencia que el mercado británico ha tenido sobre muchas denominaciones de origen europeas es reconocible y reconocido hasta la fecha, en zonas como Oporto, Jerez y en este caso, Champagne, que no es la excepción a la regla. 

El primer documento francés que menciona el Champagne como lo conocemos hoy en día data de 1718,  mientras que ya en el siglo XVII esta bebida era popular entre los dramaturgos ingleses, que escribían sobre ella. 

William Shakespeare, en su obra cómica As You Like It, escrita hacia 1599, hace mención del vino espumoso, cuando Rosalind le dice a Celia:

“Si al menos tartamudearas para que ese misterioso nombre masculino saliera de tu boca como lo hace el vino de la botella estrecha, que sale a borbotones o no sale nada. Te lo ruego, descorcha tu garganta para que pueda beber tus noticias”

Y en 1676 Sir George Etherege, escribió en su comedia de restauración inglesa The Man of Mode:

Por las calles Mall y Park
donde nos amamos hasta que oscurece,
entonces el burbujeante champagne
acaba con su reino
 rápidamente recupera
a los pobres enamorados que languidecen,
nos torna juguetones y alegres, y ahoga todas las penas;
pero, ¡ay!, volemos a recaer por la mañana. 

Y seguimos, siglos tras siglos, bebiendo Champagne, bebiendo espumoso, disfrutando y deleitándonos con burbujas de felicidad. 

Burbujas de felicidad: cuestión de método

Volviendo al presente, a nuestro fin de año y nuestros deseos de alzar nuestras copas y brindar; es interesante entender las diferencias básicas que atañen al método de elaboración de las burbujas de felicidad.

Todos los espumosos son fruto de sus procesos de fermentación, la fermentación alcohólica que realiza un vino tranquilo y en algunos casos, la fermentación maloláctica, que implica más que todo, un proceso bioquímico. Y luego, la segunda fermentación que en el caso del Champagne y del Cava, se realiza en la botella.

Esta forma de hacer espumoso, se le llama método champenoise, también conocido, como método tradicional en países de habla hispana, Crémant en otras regiones de Francia distintas a Champagne, Metodo Classico en Italia, Cap Classique en Sudáfrica, etc. 

Este método implica un proceso de ensamblaje, para elaborar la cuvée, que será el vino base a embotellar para lograr un vino espumoso de calidad siguiendo una serie de pasos establecidos.

Método tradicional

Champagne

El resultado de la segunda fermentación en botella, serán las ansiadas burbujas de la felicidad, que traen consigo, 1,5% más de alcohol a la estructura general del vino base, hasta seis atmósferas de gas carbónico, una acidez marcada, mayor complejidad y, según el licor de tiraje, el dulzor.

Este método que realiza la segunda fermentación en botella, implica también el poignetage, el removido, la autolisis de las levaduras, el degüelle y la adición del licor de expedición.

Método Granvás

Pero si hablamos de Prosecco y otros espumosos italianos de envergadura internacional, como el Asti, hablamos de elaboraciones bajo otros métodos, como el método charmat o granvás.

Bajo este método, también se elaboran de forma masiva, el Sekt en Alemania y otros espumosos en Estados Unidos, Argentina, Chile, etc., en los cuales, la segunda fermentación del vino base (vino tranquilo) se realiza en grandes tanques, antes del filtrado y embotellado a presión. 

Método transfer

El método transfer, cuyo nacimiento fue en Alemania, también inicia el proceso con un vino base, cuya segunda fermentación la realiza en la botella, aunque por un menor tiempo para luego “trasvasarse” y llevar un proceso de filtrado en grandes tanques, desde los cuales se procederá a embotellar nuevamente en un proceso a contrapresión. 

El método transfer es empleado, incluso en Champagne, para embotellar botellas de tamaños que se tornan complicados y costosos bajo el método champenoise, como son la realización de labores de removido y degüelle, en botellas personales de un cuarto de litro o tamaños grandes, a partir de las Jeroboam (3 litros).

Otros métodos

Y así, vamos encontrando más métodos como el método Ancestral, precursor del método tradicional, en el que se embotella antes de culminar la segunda fermentación y que hoy en día tiene variantes en zonas de Francia como Limoux en Languedoc-Rousillon y Die en el Ródano. Y el método más básico que es la gasificación, mediante la inyección al vino de dióxido de carbono. 

Así que, como estilos y regiones también hay métodos, y lo más importante es entender que aunque la calidad de lo que bebemos viene desde la viña, desde la uva y la sanidad de esta, cuando bebemos espumosos, bebemos más que burbujas de felicidad, bebemos historia, procesos moldeados con la idiosincracia de nuestra propia evolución, bebemos dedicación, amor por el campo, por la tierra o en algunos casos, bebemos el producto de estudios de marketing y técnicas de producción muy desarrolladas que intentan asemejar procesos milenarios.

Felices fiestas y feliz año nuevo 2020 lleno de burbujas de felicidad, amor, buena compañía y mucha literatura. 

¡Salud!

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