Amarone della Valpolicella

Si bien a comienzos de este año os hablamos del Amarone della Valpolicella DOCG, hoy volvemos a este vino que tan bien sienta en estos momentos, cuando el frío empieza a calar a paso lento y sin descanso. 

Hoy por hoy, los tintos de la Valpolicella se nos presentan en variedad de estilos y calidades. En este caso, centraré la atención sobre el Amarone que constituye, junto con el Recioto,  una de las formas más potentes de estos vinos.

Un Amarone es un vino tinto de uvas pasificadas, del norte de Italia, cuyas viñas florecen en la región del Véneto, al noroeste de Verona. La famosa tierra de Romeo y Julieta, lugar de acogida e inspiración de Ernest Hemingway a comienzos del siglo XX. 

El Amarone es un vino singular, complejo, de gran intensidad en boca que, en muchas de sus versiones, se disfruta mejor a bocados que a sorbos. 

Las uvas principales y sus características

Su variedad troncal es la corvina (hasta un 95% del blend), que da vinos de color rojo rubí, de aromas y sabores intensos de fruta roja: ciruelas, frambuesas… Comparte con la variedad francesa syrah el descriptor aromático asociado a las notas de pimienta negra.  

Las otras variedades habituales de los Amarone son la rondinella de uso obligado (mínimo 5% hasta el 30% del blend). Es una variedad más neutra que responde por las notas hérbaceas. Y la corvinone que al ser más tánica otorga potencia y longevidad al blend.

Sistemas de conducción y entorno

Un paseo a través de las viñas de la denominación nos lleva a apreciar un mosaico de sistemas de conducción, que van desde el legado etrusco de cultivo en pérgolas, conviviente con huertos y patatas, hasta el sistema de espaldera, que permite una mayor exposición y mecanización de las viñas. 

El clima de la región es atemperado por la presencia del Lago Garda y protegido por las suaves colinas de la Lessinnia. En las estribaciones al norte, posee suelos volcánicos de piedra caliza y arcilla que ralentizan la maduración de la uva en pro de su elegancia y acidez.  

Vinificación

Uno de los sellos de identidad de estos vinos es el “appassimento” al que se someten las uvas. Una vez realizada la vendimia, los racimos se disponen en estanterías de bambú, en un “fruttaio, para el secado y concentración de azúcares, color, sabores, acidez, y aromas en las uvas.

Resultan así vinos de gran intensidad aromática, con niveles de alcohol que están entre los más altos del mundo partiendo desde un 14%.

No hay una normativa estricta para la crianza de estos vinos, con lo cual cada bodega sigue su propio derrotero. Se envejece en los tradicionales “botti” italianos cuando se busca un mínimo impacto del roble en el vino; en barricas nuevas de menor tamaño que ceden más aromas al vino; o se emplean ambos sistemas.

En todo caso, la elaboración de un Amarone della Valpolicella, lleva intrínsecas ciertas variables que le conceden, inequívocamente, una gran heterogeneidad de estilos. 

Estos varían según el viticultor, el tiempo de appassimento, el tiempo de crianza, el recipiente donde ésta se desarrolla; de si se permite el desarrollo de botrytis y de las variedades utilizadas. 

“Questo non e un Amaro, ma un Amarone”

Estos procesos nos pueden llevar a una falacia circular, en la cual estos vinos tienen un carácter intervencionista que se aleja del sentir de la viña. Sin embargo, en las mejores versiones de este icónico vino, es posible encontrar ejemplares que son reflejo de un terruño particular, que más que suscitar emociones, nos permite, expresarlas a través de estos. 

Sin lugar a dudas, el Amarone es pieza fundamental en el triunvirato de vinos italianos, junto con el Barolo y el Brunello di Montalcino. 

¿A qué sabe un Amarone?

Un Amarone es delirio de fruta roja y a veces fruta negra madura. Son notas herbáceas, minerales, intensas, amargas y a la vez dulces. Especias como la canela, la vainilla y en sus variantes picantes, la pimienta negra. Es chocolate negro, cedro, ahumados, champiñones, suelo forestal y notas de caza. 

Un Amarone sabe a Macondo, a fantasía, a frenesí, a nostalgia, a una intensidad de emociones, cuyo punto circundante es el deleite. Por eso, no en vano, desde que surgió el boom de estos vinos a partir de los años 50 del siglo XX, se les asoció a los vinos de meditación

Por su carácter y estructura, por ser vinos que requieren nuestra atención plena y consciente para ser disfrutados. También son vinos que hacen un maridaje perfecto con la literatura. 

Amarone y literatura

El Amarone della Valpolicella hace un tándem armonioso con la corriente literaria y pictórica, mejor conocida como Realismo Mágico, con el cual comparte convergencias y divergencias interesantes.

Ambos gestados a mediados del siglo XX, uno en Europa el otro en América Latina. Ambos convergen en la inclusión de elementos fantásticos, en la búsqueda de la profundización de la realidad a través de lo mágico, algo que no se queda corto al catar un Amarone.  

Al tiempo, que el más célebre escritor colombiano, Gabriel García Márquez, presentaba al mundo su obra cumbre en la literatura latinoamericana, cien años de soledad (1967), estos vinos ganaban gran relevancia a nivel mundial.

El boom latinoamericano de la literatura contemporánea se desarrolla al mismo tiempo que el boom enocultural de los Amarone della Valpolicella, de la mano de Bolla y de Gaetano Bertani, fundador de la historia moderna del vino de Verona.

“Tenía la rara virtud de no existir por completo sino en el momento oportuno”.

García Márquez, fue precursor de una explosión literaria surgida en América del Sur, disruptiendo lo habitual, poniendo el foco de atención del mundo literario sobre una nueva corriente creativa que incluía elementos mágicos e intuitivos como parte de la cotidianidad. 

En una línea temporal divergente, Gaetano Bertani, exiliado de Verona durante períodos de entreguerras, se refugió en la Borgoña y despertó un interés vivo y exultante, que derivó en la exportación del sistema de conducción de la viña francesa, modelo Guyot y de la introducción de castas francesas para la vinificación.  Así, el gran pionero del Amarone sentó las bases del desarrollo de estos vinos, que en 1968 se adhirieron al sistema de denominación de origen controlada y garantizada, DOCG. 

No obstante lo anterior, hasta la introducción de la ley Goria en 1990, el Amarone era reconocido como una variación del Recioto, con el cual compartía la denominación desde la adhesión al sistema DOCG.

A través de la lectura de estas obras, fruto de esta corriente literaria, de autores como García Márquez o Julio Cortázar podemos hacer un recorrido maravilloso por mundos mágicos que nos retratan realidades subyacentes a través de una mirada pintoresca y ecléctica.

Un vino macondiano, un macondo agridulce

A través de la cata de un Amarone della Valpolicella, fruto de las viñas veronesas atemperadas por el lago Garda, podemos hacer un ejercicio de atención plena de nuestras emociones, un viaje por nuestro mundo interior, a veces tan real a veces tan mágico, que se diluye entre uno y mil estímulos a los que continuamente estamos expuestos.

Os invito a probar algún ejemplar de estos vinos de las bodegas Bolla, Bertani, Masi, Ca la Bionda o Cantina Valpantena y a disfrutar de un momento de atención consciente; a probar un maridaje con un plato contundente de carnes de caza; o como aperitivo con queso Parmigiano Reggiano y buena compañía.  

¡Salud!

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