Sommelière, sommelier, sumiller

Ser sommelier requiere una práctica constante de cata. Últimamente, he estado catando varietales desconocidos y descubriendo aromas, sensaciones e historias; todas ellas variadas y únicas sobre el mundo del vino, y como bien dijo, Albert Einstein, “The more I learn, the less I know”.

Hasta la fecha se estiman unos 10.000 varietales de uva en el mundo, no obstante, si hablamos de cifras, en España hay cerca de 400 variedades plantadas aunque el 80% de la producción se realiza con, tan solo, 20 variedades. 

Dentro del panorama internacional se reconocen seis, nueve y hasta dieciocho variedades nobles. Llamadas así por su capacidad de adaptación y proliferación en diferentes latitudes y por ser la columna vertebral de la paleta aromática de los vinos que producen.

Inicialmente fueron las variedades francesas las que dominaron este ranking, pero poco a poco, se han ido anexando variedades mediterráneas.

Variedades nobles

En principio cabernet sauvignon, merlot, pinot noir, syrah, sauvignon blanc, chardonnay y riesling. Y sucesivamente  garnacha, nebbiolo, malbec, sangiovese, tempranillo, semillón, gewürztraminer, pinot gris, chenin blanc, viognier y moscato. 

Sin embargo, hemos visto progresivamente, como algunos varietales autóctonos europeos, se han ido adaptando, según el terroir y el estilo de vinificación, en sus nuevas regiones adoptivas. 

Los vinos, como las posibilidades en la vida, pueden ser infinitos, impredecibles, cambiantes, emocionantes y esto dependerá, no solo de la variedad o del viticultor y/o enólogo, sino también, de quien lo cata, del ambiente y de una infinidad de factores.

Y a propósito de uvas, de bodegas y de catas, prosigo a hacer una breve reflexión de lo que significa para mi ser sommelier.

Una labor que desempeño en las experiencias vinícolas que organizamos en las bodegas, en las salas de cata, incluso frente al ordenador, que mantienen la incandescencia de mi pasión por este mundo del vino y las experiencias holísticas. 

Catando en Fontanafredda – Serralunga D’Alba

Mi trayectoria en el mundo del vino

Cuando inicié mi vida laboral tenía muchas dudas en el cómo, aunque tenía el objetivo claro. Con mi trabajo, poder poner al alcance de otros, productos y servicios generadores de valor, capaces de llevar a sus diletantes a cruzar fronteras mediante sensaciones y experiencias reveladoras de historias, que significan arte, honradez y pertenencia a un territorio.

Mi desempeño en el mercado de exportación e importación de vino y alimentos ibéricos, fue la chispa que desató mi deseo de ahondar en el mundo vinícola y, a partir de ahí, de desarrollar mi carrera como sommelier y certificarme con las acreditaciones WSET® 2 y posteriormente WSET® 3.

Mi mayor motivación ha sido la experiencia enriquecedora de poder trabajar de cara al público, con personas apasionadas por el mundo del vino o que se desempeñan en este, y que desean disfrutar y aprender más sobre este vasto y exquisito sector. 

La figura del sommelier comporta compromiso

Y muchas veces me preguntan sobre la figura del sommelier. Ser sommelier trasciende presentar un vino o guiar a un comensal en la elección de una bebida, a través de la interpretación de sus gustos y deseos.

La figura del sommelier comporta compromiso con el vino, con la historia que lleva cada botella tras de si, compromiso con el cliente y compromiso consigo mismo. 

Ser sommelier va más allá de entender y atender a un comensal en una sala, del maridaje, de la organización de la bodega, de la realización de la carta de vinos y licores, de la selección armoniosa de una comida, de escoger referencias, añadas y estilos de vino. Está claro que es todo esto, pero también es más.

Una profesión que incluso va más allá del mundo del vino, aprendemos sobre café, té, tisanas, bebidas espirituosas, vinagres, aguas, etc. Un amplio mundo sensaciones y aromas para explorar.

Ser sommelier es disfrutar del mundo del vino y la gastronomía; es querer compartir un estilo de vida, una actitud en estado líquido: es llevar con orgullo una profesión que, como pocas, es fusión de gastronomía, cultura y arte.

Sommelier: nexo entre el consumidor y la bodega

Un profesión, una pasión. Un ejercicio diario para los sentidos, mirar con atención, oler, degustar, comparar, degustar de nuevo, intercambiar opiniones y volver a empezar.

Y entre medias, utilizar los cinco sentidos y los cinco elementos de la naturaleza, con un elemento común a ambos: el vino. 

Y es que cuando se desempeña esta labor enriquecedora, intuitiva y social, nos convertimos en un instrumento de unión, en el nexo entre el cliente y la bodega. 

Para lograrlo, recurrimos a nuestra memoria olfativa, a la elocuencia y a la emoción. Y con esta hacemos un recorrido breve, etéreo, y otras veces, inagotable, de toda la historia que contiene la botella. 

Soy sumiller

Je suis sommelière, soy una sumiller. Da igual si es francés o español. Ser sumiller implica desarrollar una profesión, versátil y enriquecedora. 

En el mundo del vino, cada día descubro una bodega nueva, una región, una variedad, una conexión, un estilo, una tendencia y mi deseo es seguir trasmitiendo este sentimiento vehemente hacia una bebida milenaria.

Y dado que cuanto más aprendo, tanto más cuenta me doy de lo poco que se. He de afirmar que no hay bodega pequeña ni región pequeña. En cada rincón, en cada latitud donde se hace vino, hay bodegas pioneras e importantes, donde ineluctablemente descubro innovación, trabajo arduo y pasión. 

A toda la comunidad vinalogadora, os invito a seguir descubriendo, por cuenta propia o de la mano de profesionales, a seguir catando y sobre todo, a seguir disfrutando de este maravilloso mundo del vino. 

¡Salud!

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