Entre novelas y vinos

Hoy vamos a maridar novelas y vinos. Un género literario escrito en prosa, con la fusión perfecta de un buen vino que empape nuestros labios en poesía líquida.

El mundo del vino es mundo lleno de riquezas culturales, históricas, organolépticas y vivenciales. Los paralelismos que podemos encontrar en torno al vino y a todo lo que oscila a su alrededor se me antoja infinito, pero hoy quiero escribir sobre él y mi manera de relacionarlo con la novela.

Según la segunda acepción de la RAE, la novela es un género literario narrativo que con precedente en la Antigüedad grecolatina, se desarrolla a partir de la Edad Moderna. 

El vino por su parte, es el producto de la fermentación alcohólica del mosto de uva, por la acción de las levaduras. La evidencia más antigua de la producción y consumo de vino data del año 5400 a.C, de una vasija con un residuo rojizo encontrada en el poblado de Hajii Firuz Tepe (Standage, 2006).

Novelas y vinos en una línea temporal

Sin duda, tanto el vino como la novela, llevan tras de si milenios de historia y desarrollo.

Hasta hace 2500 años se empezó a extender el cultivo y producción de vino a zonas del mediterráneo occidental a través de los fenicios y griegos, aunque su gran expansión llegó con el Imperio Romano, que hizo posible su llegada a todas las tierras que se anexaba. 

En el continente americano, posiblemente fue España la responsable del origen de la viticultura, sobre la primera mitad del siglo XVI, en la misma línea temporal de la que data la primera edición del Lazarillo de Tormes, novela española de autoría desconocida, precursora de la novela picaresca. 

Cuando llegó la viticultura a Sudáfrica (1659) y Australia (1790) ya el Quijote había establecido un hito en la historia de la novela. Tan solo medio siglo antes, Miguel de Cervantes Saavedra publicaba la primera novela, de autor conocido, de la era moderna: Don Quijote de la Mancha (1605).

¡Un vino para cada novela!

He aquí una relación de tipos de novelas y de vinos, sobre los cuales he encontrado una relación interesante de maridaje por afinidad o por contraste.

Empezando con la novela realista, estilo insigne de Flaubert, donde destaca la cotidianidad y la linealidad. ¿Le vin juste? Un vino franco, capaz de expresar la tipicidad de su terroir. 

Un Mersault o un Chablis. ¿potencia aromática y cremosidad o frescura y mineralidad? ¡Atención! Un Mersault. No estoy haciendo un guiño al Meursault de Camus, toda vez, que tiene una visión contrapuesta a la de estos vinos, no ajenos a la realidad de su propio terroir. 

Mi recomendación es la lectura de Al Faro de Virginia Woolf. Una novela de larga y minuciosa fermentación. Un recorrido, casi autobiográfico, sobre una historia familiar que se vive, a través de la lectura, con cuidadoso detalle.

La novela epistolar y el Champagne

Si abordamos la novela epistolar, con el velo de romanticismo y nostalgia que le envuelve, rememoro mi más reciente lectura de Natalia Ginzburg, La ciudad y la casa. 

Tal vez porque durante los días de mi lectura bebí Champagne, encuentro un nexo interesante entre las emociones efervescentes que me proporciona este subgénero y la acuciante sensación de catar las cambiantes añadas del viñedo francés más septentrional. 

Una copa de Champagne con Lady Susan de Jane Austen o en la piel de Emily Dickinson, leyendo su más completo contenido epistolar, en Cartas (Memorías y Biografías).

Se me antoja un Champagne Blanc de Blancs Brut Grand Cru ‘Mailly’. De blanco (¡al más puro estilo de Dickinson!), enigmático, austero, complejo y rico en aromas de melocotón, manzana y de panadería.

Domaine Mailly Grand Cru

La novela autobiográfica y el Jerez

Seguimos girando sobre la rueda mágica de los tipos de novela y hago un alto en el camino en la novela autobiográfica.  Situada en la frontera entre la literatura y la historia. ¡Uno de los estilos más personales!.

Hacemos referencia a la narración de una vida, de una experiencia, vivencias únicas que marcan la vida y forjan el carácter de quien la escribe. 

Y me asalta la pregunta: ¿No son todos los vinos en cierta forma autobiográficos? Estos describen el carácter de una zona, su terroir, las condiciones climatológicas de una añada, la tipicidad del varietal, el estilo del viticultor, etc. 

Así que es complicado encontrar un vino, una región, un estilo, que no me remita a este tipo de novela. No obstante, encuentro en el Jerez una magia especial cuando lo bebo, llámese Palo Cortado, Amontillado, Fino o  Manzanilla, cada uno con la historia que le precede, que le ha marcado, que le define y le hace grandioso. 

Vinos de mestizaje 

Estos vinos no tienen un equivalente comparable. Tienen grandeza, versatilidad y un mestizaje que ninguna otra región de vinos en el mundo tiene. 

El primer vino en dar la vuelta al mundo, compañero de navío de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano. 

Una historia desarrollada en el Marco de Jerez, con el “rocío” de distintas civilizaciones. Desde la introducción de las vides por los fenicios, la preservación de estas durante la dominación Árabe,  el resurgir tras la reconquista y su desarrollo posterior. 

Pero si hablamos de Jerez, hablamos de variedad, de riqueza enológica, así que mi propuesta es a dos bandas. El Palo Cortado de Bodegas Tradición VORS, con una potencia increíble en nariz, de notas dulces y nueces. Perfumado, glicérico y envolvente. (¡Tanto, como la novela que propongo para el maridaje!)

Y el Oloroso, Osborne VORS Sherry Oloroso Sibarita. Producto de cuatro criaderas, del Pago de Macharnudo. ¡Un vino que rompe los esquemas! Una intensidad prolongada en boca, notas de orejones muy maduros, avellanas y madera de roble.

Delphine de Vigan y la novela autobiográfica

Mi propuesta de novela autobiográfica para estos vinos, es Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan. Llegué a esta escritora francesa por casualidad, porque una compatriota suya me regaló su libro, Basada en hechos reales (D’après une histoire vraie) y me convertí rápidamente en lectora asidua de sus obras.

En definitiva, así como para cada lector hay tantos momentos como rituales, para cada novela hay tantos vinos como regiones vinícolas.

Este ha sido un ejercicio divertido para relacionar dos placeres que disfruto con intensidad. Y a ti, ¿te gusta leer novelas? ¿te gustaría maridarla con un vino?

¡Salud!

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