La hora del vermut

Si hay una bebida por antonomasia en España, que impera en todas las esquinas, bares, rueda de amigos, aperitivos, es el vermut. Tanto es así que la expresión acuñada como “la hora del vermut” es conocida en todos los rincones del mapa español, e indica un alto conocimiento de la cultura hispana en cada extranjero que la utiliza.

Y como vermut es un vino, y vinálogos es vino, es cultura, es diálogo y es historia, hoy estamos aquí para contar un poco los hechos curiosos acerca de esta bebida europea, nacionalizada española, y con raíces griegas y alemanas.

Vermut es un vino aromatizado con un color que varía entre el blanco roto hasta el rojo. Se elabora a partir del vino blanco, pero cuando este tiene color más rojizo se debe a la adicción de caramelo en el vino.

De re coquinaria – Recetas de la Roma Imperial

Raíces griegas

Sí, aunque el termino vermut no se acuña hasta finales del siglo XVIII, la bebida como tal nació en Grecia. Fue Hipócrates quien empezó a mezclar este vino con ajenjo y díctamo para curar los dolores de estómago de sus pacientes. Dicho vino se quedó conocido como vino hipocrático.

Pero con el tiempo el vermut logra escaparse de la medicina y se convierte en aperitivo gracias al libro de cocina De Re Coquinaria, publicado en la época del Imperio Romano. Fue ahí donde se encontró la receta del vino macerado con hierbas mediterráneas, y con ajenjo, por supuesto.

La historia sigue

Tras muchos años degustando este tipo de bebida aún sin nombre, en 1786 Antonio Beneditto Carpano creó un concepto moderno de vermut, el que hoy en día conocemos. Estos hicieron una base de vino de moscatel, azúcar, alcohol, caramelo, muchas hierbas aromáticas, hojas y especias para personalizar su sabor.

Con 21 años, Carpano empieza a trabajar como asistente en la Piazza della Fiera, una tienda de vinos de Luigi Marendazzo, localizada delante del Palacio Real de Saboya en Turín. Es decir, un lugar frecuentado por la alta sociedad.

Mientras trabajaba decide experimentar mezclando el vino con diferentes hierbas, buscando un buen sabor.  Parece ser que la receta que triunfó fue basada en una receta tradicional de su ciudad natal Bioglio Belese y consistía en:

-Vino Blanco

-Más de 30 hierbas, raíces, flores y cortezas de diferentes plantas

-Azúcar

-Y Brandy para darle un toque dorado.

Carpaño enseña su experimento con el fin de comercializar en la tienda y enviarlo al Palacio Real para que el Duque Vittorio Amedeo III lo probara.

A principios del siglo XIX (1838) los hemanos Giuseppe y Luigi Cora lograron darle un carácter más industrial y entonces otras marcas famosas en Italia empezaron a comercializarla (Gancia en 1850, Ballor en 1856, Cinzano en 1860 y Martini en 1863). 

¿Cómo llega el vermut en España?

Ajá. Buena pregunta. Una de las primeras casa que abre camino en las tierras ibéricas al vermut es Perucchi, en 1860, instalándose en Reus.

Reus es una zona de España (controversias aparte) rodeada de viñedos y con gran tradición licorera. La historia favorece la industria cuando en 1881 el gobierno conservador de Madrid le suma un arancel a las importaciones de productos manufacturados, incluyendo vinos y derivados. Eso permitió que la competencia con las marcas internacionales evolucionara, pues estas subieron de precio en un abrir y cerrar de ojos.

Poco a poco, todos estos hechos sumados a la curiosidad de la gente hicieron que España se convirtiera en un referente del vermut.

Etimología

Quizás unas de las partes que más me gusta de esta historia y una de las más lúdicas.

El origen de la palabra y su forma correcta de escribir es casi un misterio indescifrable.

Hay quien dice que los italianos prefirieron este exótico nombre a su versión local “vino di assenzio” (ajenjo en italiano), ya que atribuía más clase al vino.

Y es que justamente wermut en alemán significa ajenjo. Pero sería muy simple explicarlo así.

Así que he encontrado una versión bastante poética a este nombre. Y la historia es que Carpano descubre esta palabra perdida en las poesías del autor de “Las penas del joven Werther” (Die Leiden des jungen Werthers). Sí, estamos hablando del mismísimo Goethe, que era uno de sus autores preferidos, y la saca de sus libros para llevarla a la botella.

¿Wermut, vermouth, vermut, vermú o vermout?

Pues vaya cacao. Porque estoy segura que ya hemos visto esta palabra escrita de varias formas. Pero obviamente, como estamos en España, vamos a recurrir a la ayuda de la RAE con el diccionario panhispánico de dudas.

¿Qué dice la RAE?

vermú. –  Adaptación gráfica de la voz francesa vermout o vermouth —que los franceses tomaron del alemán Wermut (‘ajenjo’)— que designa un licor aperitivo hecho con ajenjo y otras plantas amargas y tónicas: «¿Querés un vermú?» (O’Donnell Escarabajos [Arg. 1975]). Su plural es vermús: «Le pagué dos vermús con gambas» (Cela Colmena [Esp. 1951-69]). Es también válida la adaptación vermut (pl. vermuts): «La chica pagaba […] sus vermuts y sus helados» (MtnGaite Usos [Esp. 1987]).

Bueno, pues ahora ya sabemos que en la lengua española tanto vermú o vermut están aceptadas, podemos escribirlo finalmente en cristiano.

La hora del vermut

La pregunta que no quiere callar. ¿Dónde ha surgido la expresión “la hora del vermut”?

Pues parece ser que “tomar el vermut” y la expresión como tal “la hora del vermut” se populariza en la España franquista, cuando las familias de clases más humildes se reunían en los bares y tabernas del pueblo los domingos después de la misa del mediodía.

Hoy en día la expresión se utiliza para tomar al mediodía cualquier tipo de bebida y quizás algunas tapitas también. Así que la próxima vez que quedéis para el aperitivo con los colegas, no os olvidéis de contar la anécdota.

Lo cierto es que a todos nos gusta la hora del vermut.

¡Chinchín!

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