El viñedo francés (parte III)

Hoy seguimos nuestro viaje, a través de las letras, esperando algún día hacerlo personalmente, por la geografía del viñedo francés.

Si hay dos regiones clásicas del viñedo francés son la Borgoña y Burdeos. Dos iconos del vino, cada una con su estilo y su historia. Es imposible la indiferencia cuando de un buen vino de cualquiera de estas dos AOP se trata. 

Aún así, alrededor de estas dos grandes apelaciones de origen se encuentran otras más con vinos destacables. 

Siendo así, al norte del viñedo bordelés encontramos Charentes con 79.000 ha de viñedo (nada pequeña si la comparamos con el Jura). Tal vez no te suena demasiado pero si te digo que es la región donde se elabora el Cognac, ¿ahora?

En esta región encontramos el Pineau des Charentes, un vino de licor elaborado con cognac envejecido y con las variedades reinas de viñedo bordelés. 

No obstante, aunque orbitando alrededor de Burdeos hay denominaciones con cualidades remarcarbles, es esta región con sus denominaciones y variedades la de mayor proyección.

Por eso, vamos un poco al suroeste francés para hacer camino por tierras bordelesas y saborear la estructura y complejidad de sus vinos. ¡Bienvenue à Bordeaux!

Rodeada por uno de los viñedos más reconocidos del mundo, la ciudad de Burdeos acoge el segundo puerto más grande de Francia de cara al océano Atlántico.

Burdeos: ciudad del vino, con su impresionante legado arquitectónico del siglo XVIII y sus cercanos Chateau, se convierte en una parada, toda vez vibrante y excepcional.  

Burdeos y Borgoña

Una de monovoarietales, la otra de blends; una que habla del terroir y la esencia de la variedad y otra que impulsa la vanguardia; una con mucha sedosidad y complejidad, otra con potencia y tanicidad. 

Empezamos disfrutando de la región con seis grandes viñedos de excepción, entre los cuales se encuentran algunos de los vinos más prestigiosos del mundo.

Una región con 84 denominaciones origen, desde Auxerre hasta Macôn, a los largo de 250km de longitud podremos catar y disfrutar de las vistas que nos ofrece Chablis, la Côte d’or y este maravilloso espacio de culto al vino.

Vinaloguemos entonces con los elegantes Chambolle-Musigny, de textura aterciopelada y deleitable sedosidad y con las notas más especiadas y rústicas de un Nuits-St-Georges.

A dos horas en coche desde París, viajar con las onduladas colinas de viñas como compañía se torna en un placer divino. 

Así que hoy me perfumo mis sentidos con serpenteantes notas de fruta roja y especias. Con la personalidad de un vino con cuerpo medio y estructura, capaz de hacerme saborear los  recuerdos de un viaje que hice ya hace algún tiempo, cuando no había tanta aprensión ni coronavirus por el camino.

Viñedo bordelés

El viñedo bordelés es más que el Médoc. El viñedo bordelés es el viñedo francés más grande en extensión de cultivo y tal vez, el más emblemático.

Más allá de sus Grand Cru, esta región es siempre diversa siempre compleja en carácter, textura y personalidad. Vinos tintos, blancos, rosados, licorosos y crémant (espumosos).

El viñedo bordelés es el Médoc, Graves, Entre-deux-Mers, Libournais, Blayais y Bourgeais. Así que a viajar a Burdeos y a beber vino, hacer la maratón (¡qué ganas!) y a comer Cannelé, que una vez que los pruebes ya no podrás dejar de amarlos.

Ahora cambiamos de rumbo y de tono y maridando con las temperaturas y el carácter festivo de estos días, llegamos al suroeste del viñedo francés con 51.500 ha de viñedo que flanquean entre el océano atlántico y los pirineos. 

En esta zona encontramos las variedades bordelesas, con sus blends habituales y otras pequeñas áreas de cultivo de la viña, con variedades poco conocidas, hasta ahora a la sombra del viñedo bordelés, así como variedades más conocidas en el viñedo sudamericano, como son: la malbec y la tannat.

Vinalogando en el viñedo francés

Hoy me despido vinalogando con un tinto de la región bordelesa Pessac-Léognac. Esta denominación a la que en otro momento dedicaré un post entero, por sus vinos, la hermosura de sus paisajes, sus blends, la viticultura, el estilo y la capacidad de enganchar a quien tenga el placer y la suerte de conocerla.

Me despido entonces con una copa que me emociona por sus aromas, su capacidad introspectiva para atesorar este momento. Instantes de fruta roja, ¡mucho regaliz!, clavo de olor y recuerdos de tiempos fulgurantes.

La boca se hace agua, se hace vino y se llena con la amplitud de este elixir marcado por los taninos aterciopelados con un muy buen equilibrio entre la concentración y la armonía aromática.

¡Santé!

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