Dos clásicos

Último jueves del mes de mayo y ya olfateamos las notas aromáticas de flores y frutas del periodo estival del año, con deseos renovados y ganas de disfrutar del buen clima, aún en tiempos de coronavirus, así que acabemos el mes con dos clásicos al mejor estilo Vinálogos. 

Hoy entornamos nuestras letras hacia el país galo que acoge regiones y vinos de grandeza báquica, así como verdaderos maestros de la literatura, con sus prosas vigentes, rectas y vanguardistas. 

Dos clásicos: Burdeos y Camus. Un relato y una región única, vigente, siempre presente y abanderada del mundo cosmopolita del vino, fusión del estilo clásico y la modernidad. 

En tiempos de coronavirus he leído, en versión pop, rock, jazz y blues, recomendaciones de lecturas, pelis, etc… un sinfín de alternativas para matar el tedio y ganarle horas al tiempo.

Pero el clásico de los clásicos, que se repite sin cesar, se desglosa y disecciona desde diversas perspectivas, ha sido el libro La Peste de Albert Camus. 

El Huésped y Margaux: dos clásicos para vinalogar

No obstante, hoy no. Hoy somos espectadores cautivos de un relato, vivo y concentrado como un largo sorbo de un tinto de la Apelación de Origen Controlada (AOC) Margaux.

Hoy vinalogamos con Camus y su relato, El Huésped, que hace parte de su libro El Exilio y El Reino (L’Exil et le Royaume, 1957)

Maridamos este relato, radiografía del conflicto colonial y su huella, entre Francia y Argelia. Una apología a la justicia, a los valores, a la reflexión y a lo que nos hace más humanos. 

Un relato en el que habla más el silencio y la reflexión que el ruido y las costumbres vacuas que colman la vida. 

Camus, a través de Daru, maestro francés en una pequeña escuela, apartada y resguardada de los contrafuertes que separan el desierto argelino de los páramos, nos pone de frente ante la emoción y la esencia humana, reflejo del miedo, la esperanza, la valentía, la tragedia y la decisión.

De clásicos para beber a sorbos 

No somos artífices de nuestro destino pero si somos los protagonistas capaces de elegir como afrontar cada situación. 

Daru, bebía la luz fresca con profundas inhalaciones; bebamos nosotros sorbo a sorbo este breve relato con una copa de tinto en mano, un vino de la AOC Margaux.

El sol, en un apartado del relato, se bebía los charcos de la nieve derretida, igual que nosotros bebemos prosa que rebosa intenciones y nos aboca a la reflexión.

Camus pone en escena la invisible pero ineludible sensación de fraternidad que desarrollamos entre nosotros cuando compartimos la misma comunidad, en este caso, la del sueño y la fatiga. ¡Dos clásicos!

Sin embargo, esta alusión abraza el sentimiento de fraternidad que vivimos en otra gran cantidad de ocasiones, ante la incertidumbre, el miedo, la necesidad de supervivencia, la humanidad que nos identifica. 

Esta misma fraternidad que desarrollan y enaltecen las variedades bordelesas en la AOC Margaux, donde las cabernet sauvignon, la cabernet franc, la merlot y la petit verdot son quintaesencia embotellada. 

Maridemos este relato con vinos fraternos donde las variedades se acompañan y se fusionan para crear destellos de poesía en nuestra nariz y nuestra boca.

Los vinos de Burdeos

Burdeos es sinónimo de vino tinto, de historia, de poder económico y de châteaux. También es la región más grande en producción de vinos en Francia, con una producción que quintuplica la producción de Borgoña. 

Hoy vamos a la orilla izquierda de la ribera del río Garona, al norte de la ciudad de Burdeos donde encontramos el Médoc. 

Una región vinícola cuyo renacimiento y éxito comercial eclosionó a mediados del siglo XIX, con la clasificación de 1855 y la ya conocida reputación de la que gozan hasta día de hoy los Grand Crus Classés.

Si bien el grueso de vinos que se producen se amparan bajo la AOC Médoc y AOC Haut-Médoc, los vinos que hacen parte de la clasificación, pertenecientes al Médoc (¡que también hay vinos de Graves!), se encuentran englobados en las apelaciones comunales, que de norte a sur son St-Estèphe, Pauillac, St-Julian, Listrac, Moulis y la más austral, Margaux. 

AOC Margaux

Bajo esta denominación que cuenta con 1,500 ha. calificadas encontramos variedad de suelos y microclimas, no obstante, los afloramientos de gravas desempeñan un papel fundamental para la óptima maduración de las uvas. 

Suelos de arenas, calizas y arcillas que aportan materia al vino, más por sus atributos que por su composición mineral. 

En Margaux, los suelos de gravas son los más valorados por aportar la retención de calor y el drenaje, tan necesario para el microclima de las viñas y las variedades presentes. 

Ensanchada en la orilla izquierda del Garona, influenciada por el estuario de la Gironda al este y por el océano Atlántico al oeste, el clima de la región es atlántico.

Sus viñas gozan de la barrera natural del Bosque de las Landas, que les protegen de las inclemencias del viento y regula las altas temperaturas, propias de la temporada estival.

Claramente si nos vamos a las primeras marcas de cada château vamos a encontrar precios restrictivos (casi imposibles), sin embargo, hay opciones toda vez seductoras con buena estructura y potencia en boca más asequibles al bolsillo mundano.

Margaux se viste con rojo rubí, se perfuma con grosellas y fruta negra, se presenta concentrada pero sedosa, elegante y refinada. 

Château Giscours

Mi recomendación es un vino del Château Giscours con un blend de cabernet sauvignon (53%), merlot (42%), cabernet franc (4%) y petit verdot (1%). 

Vendimiado y seleccionado de forma manual, sus viñas se encuentran sobre suelos de gravas y arenas. Manejo tradicional de la viña con sistema de poda en guyot doble.

Vinificado en hormigón y acero inoxidable con termoregulación y crianza 100% en roble francés de grano fino y tostados medios.

Os invito a disfrutar de dos clásicos de arte en botella y letras, que nos invitan a vivir, a disfrutar y a desarrollar el pensamiento crítico.

Y me quedo con esta enseñanza de Camus que dice que no importa el tiempo que nos conceda la vida, sino cómo empleamos el tiempo. 

Te invito a emplearlo en cosas buenas, dejar de lado lo superfluo y aprender a valorar la verdadera esencia de la vida, de este milagro, de esta tierra, porque es el único planeta donde se hace vino y se vive la literatura. 

¡Salud!

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